sábado, 16 de agosto de 2014

Traducción de la Stanford I Distinciones preliminares (eros, agapé, philia)

Desde que abrí este estúpido blog me he visto sin imaginación para escribir sobre el tema, así que simplemente voy a traducir, de la Enciclopedia Stanford de Filosofía (http://plato.stanford.edu/entries/love/), un ensayo que indaga en algunos problemas conceptuales sobre el amor. Repito: problemas conceptuales. Con-cep-tua-les.

El ensayo se enfoca en el amor personal, es decir, el amor entre personas. Por ello no se hablará del amor hacia el chocolate, el fútbol, los libros, los días soleados, Polonia, ni nada de eso.

Como siempre pasa en filosofía, el eje temático del ensayo gira en torno a una serie de preguntas: ¿Se puede justificar nuestro amor por alguien? ¿Cómo chingaos? ¿Se pueden dar "razones" por las cuales uno ama a alguien? ¿No es contradictorio tratar de justificar el amor si se supone que es incondicional? ¿Acaso importa una justificación? ¿Qué valor tiene el amor entre seres humanos? ¿En qué se distingue el amor interpersonal de otros tipos de amor? ¿Qué impacto tiene el amor en la autonomía y libertad de los amantes?

El ensayo se divide en seis partes y aquí se publica la traducción de una parte de la primera parte (es que está muy largo y mejor me voy por cachitos). Todo lo que está entre corchetes [ ] son notas aclaratorias mías que me dio la gana poner. Disfruten, pues, el ensayo. Si quieren.

***

1. Distinciones preliminares

En las pláticas cotidianas decimos cosas como estas:

1. Amo el chocolate (o esquiar).
2. Amo hacer filosofía (o ser padre).
3. Amo a mi perro (o gato).
4. Amo a mi esposa (o madre o hijo o amigo).

Sin embargo, el significado de la palabra 'amor' varía en cada caso. Se entiende que (1) significa meramente que me gusta mucho esta cosa o actividad. Los casos como (2) conllevan la idea de que desempeñar cierta actividad o ser cierto tipo de persona forma parte de mi identidad y hace que mi vida valga la pena vivirse [le da sentido]; podría decir simplemente que es algo que valoro. En contraste, (3) y (4) indican una forma de interés o preocupación que no puede ser plenamente asimilada o reformulada de alguna otra manera [no pueden ser reescritas con otras palabras, como se acaba de hacer con (1) y (2)]. Así, podríamos entender el tipo de amor (4), grosso modo, como una manera de interesarse por una persona en virtud de la persona misma, por la persona que es. [Nótese, pues, que en (1) y (2) el interés está clara y explícitamente en cómo me afecta el objeto "amado", no me interesa el objeto mismo, me interesa su relación conmigo. En (3) y (4) se supone que hay un interés en el objeto de mi afecto por el objeto mismo y no en primer lugar por cómo me haga sentir]. (En consecuencia, (3) podría entenderse como una versión deficiente del tipo de amor que normalmente reservamos para las personas). Las consideraciones filosóficas sobre el amor se han concentrado sobre todo en el tipo de amor personal ejemplificado en (4); aquí será central dicho amor personal.

En el amor personal, los filósofos han distinguido tradicionalmente desde la antigua Grecia tres nociones que pueden llamarse propiamente "amor": eros, agape, y philia. Será útil distinguir entre estos tres y decir algo acerca de cómo las discusiones contemporáneas desdibujan estas distinciones (a veces intencionalmente) o las utilizan con otros propósitos.

'Eros' significaba originalmente amor en el sentido de un deseo pasional por un objeto, típicamente pasión sexual (Liddell et al., 1940). Nygren (1953a,b) describe el eros como el "amor del deseo, o amor codicioso" y por lo tanto como egocéntrico (1953b, p.89). Soble (1989b, 1990) de manera similar describe el eros como "egoísta" y como una respuesta a los méritos del amado -especialmente a su bondad o belleza. Lo evidente en la descripción del eros de Soble es un alejamiento de lo sexual: amar algo en el sentido "erósico" (utilizando la terminología que acuña Soble) es amarlo de una forma que, al surgir como respuesta a una serie de méritos, depende de razones. [O sea, no es incondicional ni desinteresado como algunos dicen que tendría que ser el amor, al menos entre personas]. Tal entendimiento del eros encuentra apoyo en las discusiones de Platón en el "Simposio", donde Sócrates entiende el deseo sexual como una respuesta deficiente a la belleza física en particular, una respuesta que debería transformarse en una respuesta a la belleza del alma de la persona y, en última instancia, en una respuesta a la forma [platónica], la Belleza.

La pretensión de Soble al entender el eros como un tipo de amor atado a razones es articular un contraste nítido con el agapé, un tipo de amor que no surge en respuesta al valor de su objeto. 'Agapé' ha venido a significar, principalmente por medio de la tradición cristiana, el tipo de amor que Dios tiene por nosotros, así como nuestro amor hacia Dios y, por extensión, nuestro amor mutuo -una especie de amor de hermanos. En el caso paradigmático del amor de Dios hacia nosotros, el agapé es "espontáneo y no motivado", revelando así no que merezcamos ese amor, sino que la naturaleza de Dios es el amor (Nygren 1953b, p. 85). En lugar de ser una respuesta a un valor precedente en el objeto, el agapé se supone que crea un valor en su objeto y por lo tanto que inicia una comunión con dios (pp. 87-88). En consecuencia, Badwahr (2003, p. 58) caracteriza el agapé como "independiente de las características individuales fundamentales del amado como la persona particular que es"; y Soble (1990, p. 5) infiere que el agapé, en contraste con el eros, no depende de razones pero es, por lo tanto, racionalmente "incomprensible", admitiendo [para su comprensión] cuando mucho explicaciones causales o históricas [que no rifan mucho, como veremos más adelante].

Finalmente, 'philia' significaba originalmente una especie de consideración afectuosa o sentimiento amistoso no sólo hacia los amigos sino también posiblemente hacia familiares, compañeros de trabajo y hasta al propio país (Liddell et al., 1940; Cooper, 1977). Como el eros, se entiende generalmente (pero no universalmente) que philia responde a las cualidades (positivas) de lo amado. Esta similitud entre eros y philia ha llevado a Thomas (1987) a preguntarse si pudiera ser que la única diferencia entre el amor romántico y la amistad fuese la implicación sexual del primero -y si acaso eso sería suficiente para dar cuenta de las diferencias que de hecho experimentamos. La distinción entre eros y philia se hace más difícil de trazar con el intento de Soble por reducir la importancia de lo sexual en el eros (1990).